Cuando muere un ángel ~Quimey Tedesco [1° lugar, concurso para escritores]

Cuando muere un ángel ~Quimey Tedesco [1° lugar, concurso para escritores]


Cuando Muere un Ángel
Quimey Tedesco


Miro hacia abajo. La gente camina en el salón como perdida, muchos miran alrededor con pena, tal vez con una especie de sentimiento ajeno, como si ese no fuera su lugar pero debieran permanecer allí de todas formas. En las sillas a los lados, como escondidos, algunos lloran. Puedo ver los movimientos convulsos de sus espaldas, los ojos rojos, hinchados; se cubren con las manos como si quisieran esconder alguna pena. No sé si piensan que llorar es una vergüenza o si creen que sus sentimientos son demasiado íntimos como para dejar que cualquiera los vea reflejados en su rostro. No es fácil mostrar al mundo un pedazo de alma.
Floto sobre ellos. A veces no comprendo esa imposibilidad que tiene esta raza de despegar los pies del suelo, no pueden volar, no pueden ir más allá de donde sus pies puedan llevarlos, me hacen sentir claustrofobia. Sin embargo, hay otras cosas acerca de ellos que sí entiendo.
Me detengo sobre un niño. Es pequeño, no puede tener mucho más de 4 o 5 años. Va de la mano de su madre y mira con ojos llorosos el cajón frente a él. Con la mano libre se limpia las lágrimas y aspira fuerte por la nariz.
— Mami ¿por qué no se despierta papá? Quiero jugar con él.
La madre lo mira. Ella no llora, pero tiene marcas muy profundas bajo los ojos hinchados. Su rostro en conjunto es la viva imagen de la desgracia. Creo que nadie en el salón se atreve a acercarse a ella, los que lo hacen se refugian bajo una imagen de solemnidad. La tratan como si pudieran romperla, pero yo creo que si no se rompió antes, nada que puedan decirle o hacerle va a romperla ahora. O tal vez ya está rota y ha pegado los pedazos para que no se muevan.
— Papá no va a despertar— replica con voz dulce. Su rostro no refleja sentimientos, sin embargo.
— ¿Por qué no, mamá? — el niño tira de su manga— ¿por qué no puede despertar papá?
La mujer inspira hondo y cambia su expresión por una más conciliadora. Se arrodilla al lado de su hijo y habla con una sonrisa.
— Papá ya no está aquí, se fue al cielo.
— ¿Cómo? — Abre los ojos grandes y sus labios esbozan una expresión de asombro— ¿se fue volando?
— Sí—sonríe ella y le abraza—, papá se fue volando al cielo. Su alma se convirtió en un ángel que nos va a cuidar desde arriba— por su mejilla resbala una lágrima casi imperceptible.
— Pero ¿por qué dejó el cuerpo aquí?¿por qué tuvo que irse?
— Papá no podía volar con su cuerpo haciéndole peso, así que lo dejó aquí para que nosotros pudiéramos enterrarlo y recordarlo y se fue con Dios. Algún día, cuando ya seas viejo, vas a ir con él—sonríe. Sé que ella misma no cree en sus palabras, pero el rostro del niño parece iluminarse por un segundo con la idea. Yo también sonrío.
Me alejo a un rincón apartado de las personas. Cuando paso entre ellos, algunos parecen sentir mi presencia; se apartan de mi camino casi sin darse cuenta. Sé que no me ven, son incapaces de hacerlo. Mi raza puede verlos a ellos pero la suya no puede sentir más que una intuición. Es como si para ellos yo fuera algo intangible, puedo atravesarlos y ellos no sentirán más que un escalofrío. Tal vez no pueden percibir la materia de la que me conformo, tal vez sólo soy energía, y puede que por eso pueda volar.
Me impulso hacia delante con las alas y mantengo silencio mientras el hombre de hábito negro comienza esa ceremonia extraña  en la que pretende comunicarse con Dios. No me escucharían si hablara, pero algo me hace querer seguir ese ritual de respeto.

Me da curiosidad, él le habla a Dios. Esa religión habla de Dios relacionado con los ángeles, de nosotros como los guardianes del cielo y la mano derecha de Dios. Pero yo no conozco a Dios, creo que ninguno de nosotros lo ha visto nunca.  Él es como un mito, y es extraño que tantas razas lo conozcan o crean conocerlo. También es extraño cómo los humanos intuyen nuestra existencia sin nunca habernos visto. A veces pienso que son mucho más inteligentes e intuitivos de lo que mis compañeros creen.
Recito los cánticos extraños de esa ceremonia humana que he aprendido, principalmente por curiosidad. Luego me acerco al niño que mira con ojos grandes al cajón donde se encuentra el cuerpo de su padre. Me coloco junto a él y, con un poco de recelo, acaricio su cabello en un acto de profunda ternura. Me compadezco de él tanto como me compadezco de mí.
El niño da vuelta la cabeza en un acto reflejo y me mira. Siento su mirada penetrante en la mía por un fragmento de segundo, luego parpadea y parece desenfocar los ojos, ya no me ve.
Pero me vio. Algo similar a un escalofrío me recorre el cuerpo, como una alteración en cadena de mi energía.
Miro hacia otro lado y me alejo del lugar flotando. Salgo hacia la noche a través del techo del edificio y hago un esfuerzo por juntar mis moléculas para poder sentir el aire en el rostro.
Me alejo a velocidad, ni siquiera sé lo que pasa junto a mí. Soy como una flecha invisible de luz.
Me detengo de pronto. Allí está. Desciendo lentamente de entre las nubes para flotar sobre un extenso campo y miro con nostalgia al lugar donde reside. Me arrodillo justo al lado sin que mis piernas toquen el suelo -eso sería una gran catástrofe teniendo en cuenta que soy pura energía- y alargo un brazo para rozar esa luz tintineante que emana del suelo y que sólo los ángeles y algunos animales podemos ver. Cuando uno de mis dedos se encuentra a menos de un centímetro, la luz hace una chispa y yo me propulso hacia atrás violentamente. Me acerco de nuevo y caigo sin ganas de pasar por todo esto que parece significar vivir. Ya ni siquiera puedo tocarle.
Los recuerdos son como cascadas de energía. Creíamos que compartíamos una hermosa amistad, si es que eso existe para mi raza, pero se fue muy rápido, ni siquiera hacía un siglo que compartíamos nuestra existencia.
Realmente no sé qué éramos. Sólo sé que cada vez que le tocaba, que estaba en su presencia, todas mis moléculas se estremecían y vibraban. Creo que le pasaba igual.
Pero ya ni tocarle puedo, y eso me mata, es como un sentimiento oscuro que atraviesa todo mi cuerpo, iniciando desde mi pecho, y que me deja inmóvil, inútil.
<<Te extraño>> murmuro proyectando mis pensamientos tan sólo a la luz, único recuerdo físico que me queda de lo que éramos.
No sé cuánto tiempo me quedo de manera estática, los ángeles no tenemos una verdadera noción del tiempo. Pero cuando oigo un chasquido y miro al cielo, a toda esa extensión tan vasta que recorremos todos los días, no puedo evitar proyectar mi voz quebrada a todos los ángeles del universo para preguntar algo que sé que nadie va a responderme:
<<Si los humanos van al cielo cuando mueren ¿a dónde vamos los ángeles?>>
El silencio infinito se oye como respuesta. Una estrella fugaz surca el cielo negro, apagado. Y todo parece brillar.
<<Sé que eres tú>> pienso, y salgo como una flecha en su búsqueda.


[Ganadora del primer lugar. Instagram: @quimeytedescooroquieta Wattpad: Quimey05]

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